Nocturne No. 2, Op. 9-2



La mira de soslayo. Está atenta al piano. No se equivoca. Su espalda, recta; su cabeza, ligeramente inclinada. Posa su mirada sobre el teclado, en lugar de sobre la partitura. Yo estoy sentado a su lado. Contengo la respiración. Mis oidos recogen agradecidos la melodía que de sus delicados dedos surge. Llevo dias escuchándola. Ha mejorado desde la primera clase. Ardo en deseos de que termine de tocar. Su pelo azabache recogido se revuelve sobre sí mismo, y un pequeño rizo se escapa de la prisión de goma. Cae, solo, por detrás de la ínfima oreja blanca. Frunce sus jóvenes labios, concentrada en su obra. No quiere equivocarse. Ahora siente a Chopin y ahora, más que nunca, yo la siento a ella, junto a mí, pegada. Noto el calor sabroso de una pierna firme tras el vestido. Sus pies bailan con los pedales del piano. ¡Ah, lindos pies! Suave, todo tan suave...

Te esperaba cada mañana a las 10 en punto para darte la correspondiente lección. Tus ojos, vivaces, me miraban con atención, aprendían rápido...mírate ahora. Eres una diosa tocando una obra de arte. Dudo...dejo caer mi mano sobre mi muslo. Mis dedos rozan tu pierna, buscan una señal. Te sonrojas, pero no te mueves. Sigues con tu melodía. Me levanto. Paseo pensativamente tenso, unos pasos. Me coloco justo detrás de ti. Apoyo mis manos sobre tus hombros. Respiras hondo, sin parar de tocar. El dorso de mi mano resbala por la pasión fetiche de tu cuello, y tú lo extiendes, para que no termine. Tu boca se entreabre y mis yemas acarician la comisura de tus labios. No paras, la música sigue. El puente entre tu hombro y tu cabeza me suplica ser besado, y lo hago, con deseo. Recubro de peldaños mi lindo y ansiado cuello. Muerdes tu labio y ni siquiera confundes una nota. Mis manos acarician tu espalda, intuyen el cierre del sostén tras la tela que te cubre. Y mientras mis labiso siguen saboreándote, te abrazo. Las juguetonas manos recorren las laderas de tu cuerpo. Siento tus escalofrios. Tus pechos, firmes, están calientes. Tanto añoré tocarte, tanto soñé contigo, que todo me parece como un sueño más, fuera de cualquier realidad.

Bajo poco a poco, delineando tu figura. Me arrodillo. Sigo bajando. Tus piernas se elevan y descienden suavemente, marcando el tono de la canción. Me siento como en un tiovivo...subes y bajas y subes y bajas...mi cabeza da vueltas...todo tan suave...Llegué, por fin, a tus rodillas. Emborrono con mi dedo corazón la superficie de las mismas. Y subo. Y la falda del vestido sube conmigo. Exhalas fuerte, pero pausado. El calor va subiendo parejo. Indecente muslo que me grita en silencio. Mi frente en tu espalda. Mi antebrazo en tu cadera. Mis manos en tí. Húmedo placer musical. Extasiado Chopin. No dejes de tocar, no dejes de tocar, ...no dejes de tocar.





5 comentarios:

Verònica dijo...

aaah..!!! una maravilla.. pieza exquisita entre la mùsica que emana el piano, la mùsica de esos cuerpos reconocìendose... y el sonido de tus palabras que tiene ese no se què que es tuyo y solo tuyo... tus textos desbordan una pasiòn arraigada, no se si en tu pensamiento, si en tu emociòn, en vos... es muy muy interesante lo que haces.. y yo danzè, me movìa còmodamente entre imàgen e imàgen.. una tras otra, un beso GRANDE, Vero.

Isra dijo...

tócala otra vez, sam...

tan mal me conservo? jajaja pues vaya!

eigual dijo...

He llegado a tu blog, por un comentario que le has dejado a Saray en su blog.

Y me apetece decirte, que he estado leyendo todo lo que escribes, y que me encanta tu estilo.

Te leo.


Un saludo

eigual - www.escriboaqui.es

Saray Pavón Márquez. dijo...

Suelo preferir no decir si es un sentimiento pasado o presente, me gusta más así. Hay "más margen". Pero digamos que... aunque el nacimiento del poema no sea ya muy actual... al subirlo al blog... ;)

Darya dijo...

tenía ganas de llorar