Con-fusión

Quisiera poder no pensar tanto, pero no puedo evitarlo. Quisiera poder salir ileso de lo que se me viene encima; pero cómo puedo hacerlo si no tengo ni la más mínima idea de lo que vendrá después. Ando a gatas en una oscuridad que me asusta.

En mi tormenta de pensamientos sin sentido, encuentro pesquisas de deseos innegables. Hoy mi cuerpo quisiera ser el libro escrito en braile que leas con tus dedos. Anhelo tu olor, tu esencia. ¿Qué siento? Hace mucho tiempo que dejé de sentir lo que es amar de verdad. Por supuesto he querido a todas las mujeres que pasaron por mi vida, con las que compartí casa, cama, noche o cena. Pero no he vuelto a sentir lo mismo desde la primera vez. A veces creo que estoy oxidado en sentimientos. Luego desecho la idea por improbable (porque todavía lloro por tonterías). ¿Ya no sé amar? ¿Es posible que el engaño del primer amor me haga pensar que el amor es engaño, y por eso no soy capaz de entregarme?


Tan sólo quiero que me seas sincera, que te abras a mí sin que te dé miedo. Pero cómo puedo pedirte eso si ni siquiera yo me puedo escuchar a mí mismo.


¿En qué momento me clavaste el aguijón venenoso? ¿En qué momento me sentí preso de ti, sin tener por qué? Es posible que sea tu cuerpo el que me llama con voz de sirena (no lo dudaría), pero si sólo quiero estar a tu lado, ¿qué tiene que ver tu cuerpo con todo esto?


Todos son enigmas, que intento descubrir con un esfuerzo futil a través de más preguntas, más incógnitas que se suman a la ecuación. Debo simplificar, pero no sé hacerlo.


Sólo quiero estar a tu lado. Hablarte. Desnudarte. Acariciarte. Dormir abrazado a ti como si fuese la última noche. En esta confusión constante, la única verdad es que mi cuerpo pide estar fusionado al tuyo. Y a pesar de todo, no sé lo que siento.