ARRORRÓ MI NIÑO, ARRORRÓ

¿Veis el cuadro de Klimt? Todos queremos sentirnos como ese niño...se le ve cómodo no? La bella mujer lo abraza con suma ternura, dejando apoyar suavemente su mejilla contra la cabeza de tan tierna criatura. Le da confort, protección. ¿Se puede respirar más amor incondicional en este imagen? A la vez, él se entrega sin más, sin cuestionarse nada, sin principios ni valores morales, absolutamente nada, sólo permite que llegue a él el máximo placer posible.

Todos queremos sentirnos como ese niño...protegidos. Pero lo cierto es que no somos esos niños y que, como dirían muchas personas, ya estamos en edad de criar. ¿Nos da miedo asumir nuestras responsabilidades? ¿Nos da miedo hacernos adultos? ¿Nos da miedo perder ese amor incondicional? La verdad es que no tengo repuesta a mis propias preguntas, lo que sí tengo es una realidad: ya no somos indefensos (aunque muchas madres piensen todavía lo contrario), teniendo que enfrentarnos nosotros solos al mundo que fuera nos espera...¡pero cómo nos gustaría volver a vivir como ese bebé!

Por el contrario, tengo que decir, que restamos en comodidad, pero ganamos en vivencias...hemos sentido de forma gradual distintas emociones, a cada cual más dispar, que nos han hecho ser esos individuos maduros (aunque algunos no tanto) que, a pesar de mirar a su infantil pasado con nostalgia, nunca cambiarían por nada lo vivido.

1 comentario:

fany dijo...

...cambiamos proteccion por experiencias..amor por amores..responsabilidad por infancia..al fin y al cabo...cambiamos años por vida...
Me gusta la nueva imagen de este blog...