Ding dooong
"¡Voy!"...Unos segundos más tardes, al abrir la puerta de casa, me encuentro con dos mujeres muy bien vestidas, que portan un pequeño ejemplar en sus manos sobre si "hay vida después de la muerte" y una sonrisa de manufactura psicótica. Justo en ese momento, me doy asco a mí mismo por darme cuenta de que abrí la puerta exclusivamente por el hecho de que iban arregladas (cosa que no suelo hacer cuando alguien desaliñado me pide dinero, sin ninguna excusa religiosa). Antes de que soltasen su preparado discurso, y como este show ya lo he vivido, las despacho diciendo "que no estamos interesados, gracias". Una de ellas sigue manteniendo una sonrisa que me llega a asustar (y seguro que por dentro tiene un ente que le corroe diciendo: "este cabrón no me va ni dejar hablar"). Así que, en un último esfuerzo de captar mi atención, me suelta una daga envenenada: "Pero todos hemos perdido a alguien..." Mi cara en ese momento resumía todo lo que pensaba ("¡Qué zorra!, ¡por dónde ataca!"). Sigo manteniendo una sonrisa de cortesía y le respondo: "Sí, por supuesto, pero no compartimos ideología, lo siento". Su risa sigue inmutable, acepta que no podrá hacer nada conmigo, y se van. Cierro la puerta y me pregunto: "¿Habrá vida después de la muerte?,¿nacemos de nuevo o algo?"
"¡Voy!"...Unos segundos más tardes, al abrir la puerta de casa, me encuentro con dos mujeres muy bien vestidas, que portan un pequeño ejemplar en sus manos sobre si "hay vida después de la muerte" y una sonrisa de manufactura psicótica. Justo en ese momento, me doy asco a mí mismo por darme cuenta de que abrí la puerta exclusivamente por el hecho de que iban arregladas (cosa que no suelo hacer cuando alguien desaliñado me pide dinero, sin ninguna excusa religiosa). Antes de que soltasen su preparado discurso, y como este show ya lo he vivido, las despacho diciendo "que no estamos interesados, gracias". Una de ellas sigue manteniendo una sonrisa que me llega a asustar (y seguro que por dentro tiene un ente que le corroe diciendo: "este cabrón no me va ni dejar hablar"). Así que, en un último esfuerzo de captar mi atención, me suelta una daga envenenada: "Pero todos hemos perdido a alguien..." Mi cara en ese momento resumía todo lo que pensaba ("¡Qué zorra!, ¡por dónde ataca!"). Sigo manteniendo una sonrisa de cortesía y le respondo: "Sí, por supuesto, pero no compartimos ideología, lo siento". Su risa sigue inmutable, acepta que no podrá hacer nada conmigo, y se van. Cierro la puerta y me pregunto: "¿Habrá vida después de la muerte?,¿nacemos de nuevo o algo?"





Quisiera poder no pensar tanto, pero no puedo evitarlo. Quisiera poder salir ileso de lo que se me viene encima; pero cómo puedo hacerlo si no tengo ni la más mínima idea de lo que vendrá después. Ando a gatas en una oscuridad que me asusta.
u cuello semigirado es exultante, infernal. De algún modo mágico, la gota no se convierte en vapor y sigue bajando, a pesar de lo ardiente de tu cuerpo ahora. El resto del bar resulta indiferente a nuestro juego amoroso: el camarero sigue sirviendo, aquel hombre está pensando de manera dañina con un whisky en la mano derecha y un cigarro en la otra (que sujeta una cabeza pesada), aquellos jóvenes que comienzan a tontear y sonreirse con especial nerviosismo, unos amigos que hacía tiempo que no se veían no paran de reirse y golpetearse la espalda unos a otros (como para reforzar una fraternidad que se mantiene a pesar de la distancia)... La gota rompió su forma esférica perfecta para ser más bien la continuidad de muchas partículas acuosas que generan un haz. Ya ha atrevesado la zona media del esternocleidomastoideo (qué palabra más fea para una zona tan cargada de pasión), es entonces cuando tu boca se entreabre y de ella surge una palabra invisible, un sentimiento hecho aire, que apresuradamente quiero rescatar...y llega a tu clavícula, marcada, única, el fin. Mi mano derecha acaricia tu cara, que la acepta aún con los ojos cerrados. Mis labios buscan ahora los tuyos, con suavidad, así voy guardando dentro de mí aquello que hiciste aire. Con mi dedo índice de la mano izquierda, mientras sigo besándote, voy recorriendo lentamente el camino marcado por la gota de agua: el mismo camino que más tarde, a solas y desnudos, recorreré con mis labios, con mi lengua, con pasión.