El incienso va consumiéndose segundo a segundo, y las cenizas van cayendo olvidadas sobre le portaincienso. Cuando la barrita aromática ha muerto, la casa sigue oliendo a Uve. Divino olor. Me llevaste hasta tu portal, me cogiste de la mano en aquel bar, para que no te perdiese de vista. No había espacio de mi cuerpo que no estuvise pegado a una persona desconocida, y yo sólo noté la calidez de tu mano. Nos hemos tomado la última en tu casa. Un silencio, una sonrisa, una mirada y un impulso. Nos robamos los besos a mordiscos. La ropa va volando sola a bandazos de impaciencia. Un segundo más tarde te veo por primera vez en sujetador, ya rezo porque no sea la última. He olvidado que me estaba tomando una cerveza. El sofá aguanta la embestida lo mejor que puede. Cada prenda que te quito, me la quitas tú sucesivamente. Queda un cuerpo fino cubierto por un sujetador y una culotte que me encanta mirar, pero que deseo arrancar...me empujas y sales corriendo mirando hacia atrás. Me quedo dos segundos atontado, como quien es despertado de un sueño, después te sigo el juego. Hay una luz tímida que sale por la pequeña ranura que deja la puerta. Termino por abrirla del todo, me esperas desnuda. Se me entrecorta la respiración y me lanzo a saborearte entera. Un beso largo y cuerpo eterno. Tú miras el techo, te aferras a las sábanas. Yo me quedo con el sabor de la perdición.¿La última en mi casa?
El incienso va consumiéndose segundo a segundo, y las cenizas van cayendo olvidadas sobre le portaincienso. Cuando la barrita aromática ha muerto, la casa sigue oliendo a Uve. Divino olor. Me llevaste hasta tu portal, me cogiste de la mano en aquel bar, para que no te perdiese de vista. No había espacio de mi cuerpo que no estuvise pegado a una persona desconocida, y yo sólo noté la calidez de tu mano. Nos hemos tomado la última en tu casa. Un silencio, una sonrisa, una mirada y un impulso. Nos robamos los besos a mordiscos. La ropa va volando sola a bandazos de impaciencia. Un segundo más tarde te veo por primera vez en sujetador, ya rezo porque no sea la última. He olvidado que me estaba tomando una cerveza. El sofá aguanta la embestida lo mejor que puede. Cada prenda que te quito, me la quitas tú sucesivamente. Queda un cuerpo fino cubierto por un sujetador y una culotte que me encanta mirar, pero que deseo arrancar...me empujas y sales corriendo mirando hacia atrás. Me quedo dos segundos atontado, como quien es despertado de un sueño, después te sigo el juego. Hay una luz tímida que sale por la pequeña ranura que deja la puerta. Termino por abrirla del todo, me esperas desnuda. Se me entrecorta la respiración y me lanzo a saborearte entera. Un beso largo y cuerpo eterno. Tú miras el techo, te aferras a las sábanas. Yo me quedo con el sabor de la perdición.Globalización

Me llamo Paul Phillips, estadounidense, dirijo una coorporación que se dedica a la producción de armas de asalto. Se ha dicho que comerciamos con políticos corruptos de diferentes países, pero hasta el día de hoy, no existe prueba alguna. Además, nuestro gobierno certifica la integridad de la empresa.
Me llamo Tayera Kanyenye, congoleño, mi familia subsiste con lo que consigo trabajando en la mina de coltán. Ésta está cubierta por un grupo militar, que comprueba que el trabajo se esté llevando a cabo y nos protege de diferentes insurgentes.
Me llamo Yakari Shato, japonés, soy técnico ingeniero de sistemas electrónicos informáticos. Las placas integrales se crean a partir de diversos materiales, algunos proceden de diferentes minas africanas, y se incorporan a computadoras de sobremesa.
Me llamo Jin Tsa, chino, trabajo para una empresa norteamericana que se encarga de la producción al por mayor de Cds que se distribuyen al resto de países, con un envio principal a países europeos como Italia.
Me llamo Franco Moccia, italiano, mis compañeros y yo controlamos la presencia de carabineris en el almacén ilegal donde producimos miles de copias de diferentes índoles, principalmente discos musicales.
Me llamo Oblonge Tsbili, senegalés, estudié Medicina en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, pero debido a la situación en la que mi familia se encontraba, contraté la posibilidad de ir en patera hacia una vida mejor en Europa. He acordado vender una serie de productos para saldar mi cuenta. Son Cds piratas que rara vez consigo vender y con lo que tengo que vivir, pagar mi deuda y enviar el máximo dinero posible a los que dejé allá.
Me llamo Pedro Salazar, español, estoy estudiando en la Universidad de Sevilla, acabo de comprar el Cd del grupo que me gusta, además creo que haré bien al chico que estaba en la calle vendiéndolo, que el pobre se estaba muriendo de frio.
Me llamo Tayera Kanyenye, congoleño, mi familia subsiste con lo que consigo trabajando en la mina de coltán. Ésta está cubierta por un grupo militar, que comprueba que el trabajo se esté llevando a cabo y nos protege de diferentes insurgentes.
Me llamo Yakari Shato, japonés, soy técnico ingeniero de sistemas electrónicos informáticos. Las placas integrales se crean a partir de diversos materiales, algunos proceden de diferentes minas africanas, y se incorporan a computadoras de sobremesa.
Me llamo Jin Tsa, chino, trabajo para una empresa norteamericana que se encarga de la producción al por mayor de Cds que se distribuyen al resto de países, con un envio principal a países europeos como Italia.
Me llamo Franco Moccia, italiano, mis compañeros y yo controlamos la presencia de carabineris en el almacén ilegal donde producimos miles de copias de diferentes índoles, principalmente discos musicales.
Me llamo Oblonge Tsbili, senegalés, estudié Medicina en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar, pero debido a la situación en la que mi familia se encontraba, contraté la posibilidad de ir en patera hacia una vida mejor en Europa. He acordado vender una serie de productos para saldar mi cuenta. Son Cds piratas que rara vez consigo vender y con lo que tengo que vivir, pagar mi deuda y enviar el máximo dinero posible a los que dejé allá.
Me llamo Pedro Salazar, español, estoy estudiando en la Universidad de Sevilla, acabo de comprar el Cd del grupo que me gusta, además creo que haré bien al chico que estaba en la calle vendiéndolo, que el pobre se estaba muriendo de frio.
Desgranando secciones cerebrales: Como te digo una "co", te digo una "o"
Como ya vine anunciando, parece que me cuesta escribir últimamente...¿por qué será? Lo mismo y me estoy convirtiendo en un Lobo Estepario, sin darme cuenta, como en cierto modo sugirió Isra, tendré que leerme el libro para saber si es así o no, en cualquier caso sí que me sentí, en cierto modo, identificado con el cuento "Ventanas mágicas" que se recoge en "Pájaros a punto de volar" de Patricia Highsmith, por cierto, recomiendo el libro, que me encanta por su forma de contar vidas sin éxito con una expresividad maravillosa (aunque tampoco soy literario, asi que no sé si lo que digo tiene algún sentido), que hablando de sentido, lo que no tiene ninguno es que según las bases con la que se construyó la ONU permitan con tanta pasividad, como a la que nos están acostumbrando, actuaciones como la invasión (que no tiene otro nombre) por parte de Israel a Palestina...que vaya atrocidad, y nosotros aquí disfrutando de la navidad y los reyes, que en principio deberían venir escasitos, por eso de la crisis, aunque visto lo visto, me digo yo, "¿qué crisis?", porque señores todo está abarrotado, que sí es verdad que a muchos les afecta, pero las tiendas y los restaurantes están siempre llenos...si es que este mundo no hay quien lo entienda, y a las mujeres, menos todavía, que vaya cerebros complicados, circunvoluciones ahí extremas...hablando de circunvoluciones, ando pensando en empezar esta sección según distintas comesuras, centros o lóbulos del cerebro y aplicarlo directamente a lo que me viene a la cabeza, no sé si entendeis mucho lo que estoy diciendo, si no es así lo comprendo porque no me explico nada bien, vaya profesor que voy a ser, que miedo, yo creo que lo mismo y acabo desmoralizado, eso nunca se podrá saber hasta que pase, como lo del blog que no sabía yo que iba a durar tanto, que casi llego ya a los 100 posts..¡ah!, por cierto, que lo mismo y hago un regalillo, hipermegabarato, vamos un dibujo, porque estoy canino canino, una especie de sorteo entre los que dejen comentarios, así que ya sabeis, de aquí hasta el post número 100 podeis dejar comentarios, tanto si quereis el dibujo como si no, que tampoco es gran cosa...vamos que teneis como 5 posts para escribir, el tiempo, indefinido, porque no tengo ni idea de si durará una semana o dos, ya comencé diciendo que útlimamente no escribo demasiado....uy, que hambre...me voy a comer ya!


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Intimidad
Una habitación de un hotel cualquiera, 34 €. El cuarto de baño está semi-iluminado por una luz bailarina que imprime en las paredes el movimiento de pequeñas velas. Habita un sosiego acompañado por leves sonidos de las microolas que generan dos cuerpos desnudos en la bañera, uno frente al otro. Ambos, sin nada que les cubra física o emocionalmente, se hablan y se acarician con la misma suavidad.
- Sé que algún día me serás infiel, lo sé. Cuando eso ocurra, conocerás a otras mujeres y sin lugar a duda me amarás más que nunca. Tú cambiarás, las piernas donde duermas serán distintas, pero tu corazón siempre me pertenecerá.
- ¿Tengo que engañarte para amarte?
- Tienes que hacerlo para saber cuánto me amas.
- ¿Eso me convierte en una especie de Ulises como en "Son de mar"?
- Tal vez
- Yo creo que te equivocas. Sé que otras mujeres pueden ser maravillosas, pero sólo tú eres quien eres. Sólo tú podrás hacerme sufrir de verdad o llorar de alegría. No necesito dormir abrazado a piernas extrañas para saber eso.
- Puede, pero algún día te lo cuestionarás y entonces yo sabré que me amas con todo tu corazón. Porque no quiero sólo un trocito de él, lo quiero todo entero.
- Dale a más agua caliente y bésame...
Y esa noche, dos almas que nunca llegarían a comprenderse, pero que nunca dejarían de amarse, hicieron el amor como sólo ellos dos sabían.
- Sé que algún día me serás infiel, lo sé. Cuando eso ocurra, conocerás a otras mujeres y sin lugar a duda me amarás más que nunca. Tú cambiarás, las piernas donde duermas serán distintas, pero tu corazón siempre me pertenecerá.
- ¿Tengo que engañarte para amarte?
- Tienes que hacerlo para saber cuánto me amas.
- ¿Eso me convierte en una especie de Ulises como en "Son de mar"?
- Tal vez
- Yo creo que te equivocas. Sé que otras mujeres pueden ser maravillosas, pero sólo tú eres quien eres. Sólo tú podrás hacerme sufrir de verdad o llorar de alegría. No necesito dormir abrazado a piernas extrañas para saber eso.
- Puede, pero algún día te lo cuestionarás y entonces yo sabré que me amas con todo tu corazón. Porque no quiero sólo un trocito de él, lo quiero todo entero.
- Dale a más agua caliente y bésame...
Y esa noche, dos almas que nunca llegarían a comprenderse, pero que nunca dejarían de amarse, hicieron el amor como sólo ellos dos sabían.
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Paradógicamente bueno (Capítulo 3)
La gente se quedaba mirándolo como si de una especie de cámara oculta se tratase. El viejo iba totalmente escarranchado, dando la impresión de no haber podido controlar los esfínteres y llevar una enorme plasta recolgando en los calzones de hacía 30 años. El brazo no podía estar más recto. Y de esta guisa se presentó en la comisaría. Muy diligente se dispuso a comentar que dicha mochila la había "encontrado" en la estación y que ahora, como buen ciudadano, dejaba la responsabilidad a las autoridades para que ellos hiciesen lo que estuviese en sus manos. La agente, con el terso bien recto sin mostrar ni la más mínima empatía por el acto bondadoso del señor, abrió de golpe la mochila negra para ver qué había en su interior. Plam! un enorme golpetazo de terror instantáneo sacudió al pobre anciano, que quedó paralizado, blanco, sin poder articular palabra...allí no pasó nada, seguía vivo (eso parecía), ninguna explosión, nada de sangre, nada de restos calcinados...su miedo fue convirtiéndose en curiosidad (esa que llevo a hacerse con el preciado tesoro que ahora había entregado) a medida que veía cómo las órbitas oculares de la señorita policía se iban haciendo má grandes. "¡Virgen Santísima!" El viejo no podía más y se avalanzó contra el mostrador, se precipitó a ver el maldito contenido...Jo-der...."¡¿pero cuánta pasta hay aquí?!"....la cara del señor fue realmente anecdótica, una medio sonrisa patética con sudor frío. "De verdad, señor, es el gesto más humilde que nadie ha hecho desde que llevo aquí, enhorabuena" "Sí,.......bueno, je......es que........no era mio (snif snif) y.....supongo, sí, supongo que era.....mejor........entregaaarlo (snif snif)".
El anciano salió de casa, como todas las mañanas, se dirigió a la estación. En la entrada cogió el periódico gratuito, lo extendió ante su cara mientras iba pesadamente caminando. "Entrega en comisaría 500.000 euros que se había encontrado", rezaba uno de los titulares. Se sentó en el banco. La gente pasaba sin notar la presencia del menudo cuerpo del anciano. Suspiró, dejó el periódico doblado a su lado y se puso a ver la vida pasar.

El anciano salió de casa, como todas las mañanas, se dirigió a la estación. En la entrada cogió el periódico gratuito, lo extendió ante su cara mientras iba pesadamente caminando. "Entrega en comisaría 500.000 euros que se había encontrado", rezaba uno de los titulares. Se sentó en el banco. La gente pasaba sin notar la presencia del menudo cuerpo del anciano. Suspiró, dejó el periódico doblado a su lado y se puso a ver la vida pasar.

Paradógicamente bueno (Capítulo 2)
El viejo ahora miraba con los ojos desencajados el tesoro robado. Toda la energía que había precedido en el acto semidelictivo se había convertido de repente en puro pavor. Empezó a sudar y ya no sabía qué hacer con ella. Se armó de valor y decidió, no sin mucho cuidado, volver a sostenerla, para comprobar el peso de la misma. Este acto tampoco le resolvió nada, porque ,la verdad, no sabía cuánto pesaba una bomba. A pesar de todo, pudo comprobar que era un peso considerable...antes no se había dado cuenta del mismo, sólo pensaba en llegar cuanto antes a su guarida. Volvió a dejarla encima de la mesa, con tal mesura que parecía que nunca llegarían a coincidir la superficie algo rasposa de la mochila con la lisa del mandil. Finalmente posó el objeto y se echó las manos a la cabeza. Después las manos bajaron a las caderas, y la mirada seguía siendo desencajada. "¿Y ahora qué hago?", masculló tembloroso en voz alta. Parece ilógico que cuando somos jóvenes y nos queda todo por vivir tengamos tan poco respeto a la vida y nos volvamos tan temerarios, mientras que conforme avanzamos en la edad y ya nos queda poco por esprimir de esta vida, tengamos tanto miedo a todo y vayamos con tantísimo cuidado para que no nos pase nada. Por supuesto tiene su motivo, en cualquier caso no nos compete estudiar aquí el tema, sobre todo teniendo en cuenta que el viejo sigue deshidratándose en sudor. Haciendo honor a la edad correspondiente, le pudo el respeto a la vida, por no decir "le pudo el miedo a morir". La prudencia hizo su aparición estelar. Se sintió confortable al haber encontrado una solución a tan peliguada situación. "Es mejor no arriesgarse y llevarlo directamente a la policía", sentenció reafirmándose con un movimiento cervical que denotaba un sí repetitivo. Lo realmente correcto, en cualquier caso, hubiese sido llamar a la policía para que ésta se personase...si es que realmente la mochila albergaba una bomba...Agarró la mochila por el asa, con el brazo extendido, alejándolo lo más posible de su cuerpo (¿de verdad pensaba que la distancia de su brazo era suficiente para librarle de la posible explosión?). Abrio la puerta y con una postura caricaturesca se dirigió a la comisaría más cercana.
Paradógicamente bueno (Capítulo 1)
Hacía más de media hora que la mochila de color negro yacía sobre el suelo junto a la pared. La estación estaba desierta. El viejo la miraba pensativo durante un instante en su soledad y rápidamente revisaba el resto de la estación por si se percataba de alguien más en ella, por si alguien más le estaba mirando o era el propietario de la mochila. Tras repetir la acción unas seis veces, soltó el diario gratuito que había recogido nada más entrar y decidió hacerse de dicha mochila. Con cada paso tembloroso de unas piernas ya débiles desde hacía años, sentía cómo una emoción le embargaba. Todos los días, desde la muerte de la que fue su
pareja, pero nunca su amante, iba a la estación. Dejaba que el tiempo le fuese arrebatando segundos de su vida, mientras contemplaba al resto del mundo a toda velocidad. Nadie se daba cuenta de su presencia, a nadie le importaba, no era nada para nadie ya...Un paso más, una energía vivaz le comía por dentro. ¿Qué sería lo que escondía esta mochila?¿Qué secretos guardaba? Estaba eufórico por la idea de descubrir algo nuevo, esa incertidumbre voyeur por observar lo de otros. Apresó el objeto codiciado, se lo clavó directamente bajo el brazo, y salía caminando a tal velocidad que parecía imposible que se tratasen de las mismas piernas de justo unas horas antes. Llegó, lógicamente, más rápido que nunca a su humilde piso. Era un pequeño estudio en una primera planta que podía permitirse pagar gracias a las ayudas del Estado y una pequeña suma de dinero herededa de su familia. Casi ni pudo abrir la puerta por el temblor continuo de una mano que de por sí ya temblaba, sin necesidad de ningun estado alterado. Cerró con ímpetu la puerta y se dirigió sin vacilar hacia el salón donde abriría, cual cerdo en canal, al guardián del secreto. Dejó la mochila sobre la destartalada mesa, que llevaba uno de esos mandiles de plástico y con un colorido apagado por el paso del tiempo. Cuando parecía decidido a abrirlo, algo fue directamente a su sensación del miedo...¿y si la mochila se trataba de algo más siniestro?¿Y si resultaba ser una de esas bombas que ponían los terroristas? Él era viejo y le quedaban no muchos más años, sobre todo si seguía con la vida monótona e insípida que llevaba, aún así no quería abandonar la vida de forma tan brusca...y llegó la compañera duda...y no sabía qué hacer.
pareja, pero nunca su amante, iba a la estación. Dejaba que el tiempo le fuese arrebatando segundos de su vida, mientras contemplaba al resto del mundo a toda velocidad. Nadie se daba cuenta de su presencia, a nadie le importaba, no era nada para nadie ya...Un paso más, una energía vivaz le comía por dentro. ¿Qué sería lo que escondía esta mochila?¿Qué secretos guardaba? Estaba eufórico por la idea de descubrir algo nuevo, esa incertidumbre voyeur por observar lo de otros. Apresó el objeto codiciado, se lo clavó directamente bajo el brazo, y salía caminando a tal velocidad que parecía imposible que se tratasen de las mismas piernas de justo unas horas antes. Llegó, lógicamente, más rápido que nunca a su humilde piso. Era un pequeño estudio en una primera planta que podía permitirse pagar gracias a las ayudas del Estado y una pequeña suma de dinero herededa de su familia. Casi ni pudo abrir la puerta por el temblor continuo de una mano que de por sí ya temblaba, sin necesidad de ningun estado alterado. Cerró con ímpetu la puerta y se dirigió sin vacilar hacia el salón donde abriría, cual cerdo en canal, al guardián del secreto. Dejó la mochila sobre la destartalada mesa, que llevaba uno de esos mandiles de plástico y con un colorido apagado por el paso del tiempo. Cuando parecía decidido a abrirlo, algo fue directamente a su sensación del miedo...¿y si la mochila se trataba de algo más siniestro?¿Y si resultaba ser una de esas bombas que ponían los terroristas? Él era viejo y le quedaban no muchos más años, sobre todo si seguía con la vida monótona e insípida que llevaba, aún así no quería abandonar la vida de forma tan brusca...y llegó la compañera duda...y no sabía qué hacer.El vagón
Tras la última vuelta de llave, la pesada puerta se abrió sin ese característico quejido por falta de grasa. La casa estaba a oscuras, lo que resultaba mucho más que normal; de no haber sido así, se habría quedado paralizado por el susto. Todavía con el peso de la bandolera, cargada de libros, sobre su hombro izquierdo, soltó el juego de llaves sobre la encimera. A medida que avanzaba por el anguloso pasillo, iba encendiendo lámparas y luces. Llegó al salón, presionó el último interruptor en su recorrido y se dejó caer con plena confianza sobre el sillón, que resopló con indignación al recibir aquel cuerpo muerto. Al mismo tiempo, la bandolera fallecía sobre el suelo, pegada a los pies de su propietario, como si de un fiel perro se tratase. Inspiró con toda profundidad y se desinfló con la misma fuerza. Su vida estaba plagada de costumbres, rutinas, horarios, gestos marcados en una vida de días grises. Tanto al ir, ocmo al volver del trabajo, veía siempre los mismos rostros en el metro, aunque las personas que los llevasen fuesen distintas. Su mente dejaba de funcionar con el sonsoneque pesado, en la claro-oscuridad del subsuelo. Todo eran caras que confundían cansancio, tristeza, aburrimiento, desconfianza, infelicidad...Llegó a su parada, se aferró a la barra y a su mochila y se impulsó para salir del vagón. Justo él salía, justo ella entraba un par de vagones atrás. Una línea imaginaria de milisegundos conectó dos miradas que buscaban a otra persona. Morena, pelo rizado y recogido por un cintillo, jersey rojo de punto, pantalanos (al parecer) vaqueros de color oscuro, bandolera más jovial que la suya (la cual era de un aspecto mucho más formal)...el resto de figuras entraban y salían borrosas. Sólo sus ojos fueron grabados...Ahora resopla en su sillón al recordar ese intenso momento, pensando en qué pensará ella. Disfrutó así con la idea de volver a ir al trabajo (sensación borrada desde hacía ya mucho), de volver a coger esa misma línea, con la estúpida esperanza de volver a verla, con la estúpida esperanza de que sus vidas se cruzasen de nuevo, aunque sólo fuese a través de una línea imaginaria que mantuviese sus miradas unidas por milisegundos.
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Desgranando secciones cerebrales (6ª parte)

Y últimamente los días pasan sin que escriba nada. Esto es un síntoma de una enfermedad autoimpuesta. Hace algunos días (no sé cuántos ya la verdad) se estuvo hablando del por qué se escribía en un blog, razones puede haber casi tantas como personas que lo escriban. Para mí era una necesidad, un algo que sale y que debe ser compartido. Si quisiese solo soltar lo que dentro de mí burbujea, escribiría un diario. La maravilla del blog es que me permite ver que otros pueden sentir lo mismo. De hecho, todos amamos, odiamos, recordamos, vivimos y morimos...todos experimentamos casos únicos en nosotros mismos y que sin embargo se repiten siglo tras siglo, ligado a una de tantas secciones cerebrales. Mi blog es mi vida. Aunnque gran parte sea ficticia, sigue siendo mi vida, y la vida de los demás. Al ver que últimamente no escribo, me dí cuenta que es porque no quiero sentir...suena raro e imposible, lo es. Pero recientemente estoy "cerrando el corazón por vacaciones" (o la mente, ya hablé de la dicotomía entre mente-corazón a la hora de hablar de sentimientos). Necesito ese tiempo de soledad completa que sólo consiguen los monjes (cuidado, no quiero ser monje!)...Cuando hay tormentas convulsas en tu cabeza, es mejor esperar a que el tiempo pase, sin añadir nada más al gran caldo de cultivo cerebral. Es como un estado de colapso o el típico "sa quedao' pillao" del ordenador cuando se sobrecarga de programas. Eso repercute en mis ganas de diseccionar lo que pasa entre las circunvoluciones cerebrales y dejo a un lado mi tan querido y necesario blog...en fin, espero que sólo sea un resfriado, y la muestra de estornudos blogueriles desaparezca pronto. Besotes a todos!
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Lluvia de lágrimas
Terminan el café que su padre le invitó, justo en el bar de siempre, al que siempre acude por las tardes, el bar que recuerda de niña. Es el último sorbo antes de irse. Ya llegó el autobús que le trajo de vuelta a su tierra querida, la añorada. Se despiden del camarero con la confianza guardada tras muchos años. Su padre le abre la puerta con la mano libre del paraguas. Hoy es un dia lluvioso. El cielo está gris. La luz es apagada. Es la imagen grabada. Aspira todo lo que puede, recoge todo el aire que necesita antes de volver a Galicia. Las montañas sinuosas que justo tiene en frente son el paisaje que irá recorriendo junto a la costa. Las mira pensativa, saboreando algo tan precioso y característico, que les diferencia del resto de la península. En muchas partes estuvo, muchas veces se enamoró de ciudades. Pero nada comparado con aquella tierra. Sonrie a su padre. Él le da un abrazo afectivo, entiendiendo sin decirse nada lo que está experimentando. Es una despedida dura, pero no triste. Ha vuelto a ver a su familia y ahora simplemente tiene que volver. Al llegar al autobús, y tras dejar la maleta cuidadosamente colocada junto a la pared del maletero, se abraza a su padre. No se sueltan. Todo el mundo subió ya, ellos siguen bajo la lluvia y un paraguas que los protege unidos fuertemente, con lágrimas deseando salir. No necesitan decirse nada. Todos están contentos tras la pena. Ella sube poco a poco la escalera del bus. Y se dirige directamente al final del mismo. Las gotas de lluvia golpetean las ventanas laterales. El cristal del fondo recoge una continua carrera de lluvia por su superficie. Él está saludándola con la mano que tiene libre. Todo está solitario, de color gris. De fondo un coche que pasa de la gasolinera y se aposta no muy lejano al padre. Mientras puede leer una frase de "te quiero" en los labios, un hombre se baja presuroso de la puerta trasera. Ella ve la pistola. Grita enmudecida. Él se gira. Recibe dos disparos. Cae en el acto. Un rio de sangre se difumina por la carretera mientras la lluvia limpia el cuerpo inerte, mientras su hija va muriendo dentro...
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Cuatro elementos: Fuego
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Cuatro elementos: Aire
Hoy, al abrir la ventana, la brisa acarició mi mejilla. Me recreo en la, quizás empalagosa, idea de que éste mismo aire es el que, no hace mucho atrás, besó tu cuerpo. Te echo de menos. Recuerdo instantes de belleza. Una habitación cerrada, un aire cargado. Cada exhalación, cada goce, cada gota de sudor evaporada empaña aún más el cristal frío de la ventana. El cuarto, guardián de innumerables secretos, pesa al respirar...Añoro lo agradable de tu risa, el sabor de tu piel...Mi lengua recorre un país queratinizado, con una búsqueda constante. Dejo rastros sobre tu cuerpo, pistas a seguir hacia lo más deseado. Después, mi soplido se deja guiar por donde mi lengua surcó tu mar. Una oleada de frescor dejada tras mi caricia airosa eriza tu piel...fffuuuu viajo por el paisaje firme de tu rodilla...fffuuuu me deslizo por el tobogán de tu cuello...fffuuuu marco con mi aire el nexo entre tus senos y el ombligo de tu vientre...fffuuuu acaricio con mi soplido una ingle inquieta...Recuerdo abrir allí también la ventana. El aire fresco entró apresuradamente, ocupando ansioso el hueco que dejaba el aire cálido al huir. Mi piel respondía al nuevo invitado y agradecía el regalo tras la maravillosa agonía de sudor.
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Cuatro elementos: Tierra
Brota barro de la roca. La tierra nos regala un baño de salud. Mis pies, cubiertos de arena, se aferran a la roca, y me sostienen en la búsqueda de más unguento. Mis manos recogen todo lo que en ellas cabe. Está frío. Cubiertas de barro, se posan en tus hombros. Con mis pulgares subo por tu cuello, dibujando una carretera de barro desde tus clavículas hasta tu mentón. Todo es muy suave, mis dedos se deslizan por ti. Cierras los ojos, cubro, con pequeños masajes, tu delicada cara. Desde el centro de tu frente, en círculo, hasta las mejillas rosadas. Tu diminuta nariz queda igualmente cubierta. Bordeo los labios que me alimentan. Vuelvo a tus femeninos hombros. Inspiras, nerviosa. Moldeo tu pecho, con barro, con mis manos y rodeo unos senos que agradecen la frescura que te regalo. Cruzo tu tronco hasta el ombligo, con la palma de mi mano bien extendida, y abrazo tu tripa. Te hago girar sobre ti, y una espalda de melocotón permanece intacta, ignorante de lo que su parte opuesta acaba de sentir. Comienzo en tu cadera, con los dedos de mi mano mirando hacia tu cuello, ya cubierto. Subo, lentamente, palmo a palmo, sin prisa. Llego a mi destino. Bajo hasta tus muslos. Hay silencio entre nosotros. Yo hablo con mis ojos y mis manos. Tú hablas con tus respiraciones. Mi niña tierra, quédate junto a mí.
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Cuatro elementos: Agua
Aspiro el salitre con los ojos cerrados. Al abrirlos, se muestra ante mí una gama de azules intensos. Son dos bloques principales lo que llega a cubrir mi vista. Un cielo totalmente despejado, con ese azul monocapa, suave, liso. El segundo bloque es el azul del mar, profundo, irregular, con tintes plateados. Nadas en mitad del mismo, sin apreciar que lo que baña tu cuerpo apagó los volcanes más intensos hace millones de años. Esta reflexión me resulta paradógica: lo mismo que extinguió las inestables erupciones de la Tierra, provoca en mí una explosión cual volcán joven, fuerte, convulso. La playa nudista se encuentra desierta de una humanidad pudorosa. Me dirijo a ti. El poder de atracción del mar, o de ti (no sabría muy bien distinguir), bloquea por completo el frío gélido que sienten mis piernas. Completamente cubierto por agua, nado hacia ti. Me esperas, sonriente, manteniéndote con movimientos muy suaves. Alcanzo a hacer pie. Tú no. Te abrazas a mi cuello y las piernas desnudas se elecan hacia la horizontalidad del mar. El agua resbala por un cuerpo limpio, puro. Definitivamente hemos dejado de nadar. Nuestras cabezas se unen, a lo lejos, rompiendo el azul de contrastes, unidos fírmemente por un beso que jamás desaparecerá de nuestros labios.
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Voy a serte sincero
Voy a serte sincero. Tengo miedo a darte más de lo que puedo darte, de entregarme o de saltar al vacio. Me pierdo con enorme facilidad entre indicaciones confusas. Estoy siguiendo unas huellas marcadas en el desierto y me encuentro con un laberinto a modo de jardín que brota desde lo estéril del suelo que piso. Es precioso, pero intrincado y cuyos pasadizos lo mismo me pueden llevar tanto a una preciosa salida al otro lado, como a enredarme hasta la eternidad entre sus fauces.
Hay algo en ti que me susurra al oido que entre, pero otra parte tuya me sugiere lo contrario. hay algo en ti que me muestra lo cálida que eres. Me siento a gusto entre tus manos y sueño despierto con que me sujetas con ellas la cabeza. Me pierdo en una nube, con esa cara de lelo, de dejarse amar... me emboba cuando tu mirada y tu sonrisa, cómplices, me regalan un abrazo impetuoso. Escondido entre palabras, entre gestos, agazapado entre dimes y diretes...estoy aquí.
Voy a serte sincero. Los juegos de tiras y aflojas a veces me sobran y me gustaría que todo cambiase para que pudiese acariciarte y quitarte la "armadura oxidada". Desnudarte emocional y literalmente. Dormir abrazado a ti toda la noche. Voy a serte sincero, hay algo en ti que me corroe en intenso gusto.

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